La ignorancia no insalvable

El relativismo crece a costa de la mediocridad mediante la justificación de posturas banales con argumentos del tipo “qué tiene eso de malo”.

Una foto publicada por Rafael Crespillo Dugo (@rafacd_) el

Enconces, la mente débil empieza a funcionar saturándose intentando corroborar la validez de ese argumento, buscándole algo malo a la premisa en cuestión, de tal forma que cuando se cansa de buscar algo malo, automáticamente lo da por bueno. Es un fallo del pensamiento dicotómico de la racionalidad humana común: si esto no es malo, ergo debe ser bueno.

Sin embargo, el pensamiento y el pensador que analiza un poco más, no da por buenos los resultados afirmativos resultantes de condicionantes negativos no cumplidos, sino que prefiere comprobar todas las condiciones antes de afirmar cualquier otra. Es decir, llegar a la conclusión de que algo no sea malo, solo quiere decir que no es malo. Tampoco se deja intimidar por lo comunmente aceptado dándolo por correcto, sin antes comprobar que así sea, ni acepta prejuicios ajenos, en el más estricto sentido, que antes no haya verificado. Esto es lo que se llama la ignorancia salvable, es decir, es el pensamiento cómodo conformista que, a pesar de poder obtener respuesta y conclusiones a problemas complejos, prefiere no enfrentarlos. Es la felicidad por la ignorancia, el preferir no saber, el unirse a la corriente preferente sin hacer preguntas, sin utilizar las herramientas al alcance.

Mediante esta técnica de plantear “qué tiene esto de malo” se van dando poco a poco por buenos más y más conceptos, que cada vez son más absurdos, terminando por aceptarse directamente lo que ya es malo. Es una especie de terapia de exposición gradual a lo que el proponente te ofrezca, lo que en lenguaje vulgar y de toda la vida se conoce como llevarte poco a poco al huerto.a3e0211780325a8e4358b2714b8d5622

Pues bien, esto más o menos es lo que ha sucedido con el asunto de las celebraciones de bienvenida social civil para niños recien nacidos. Ya el propio nombre, que no es ningún invento original, demuestra lo rebuscado que ha tenido que ser el ideador, para darle una vuelta de tuerca a lo que realmente quiere decir, que es ni más ni menos que un bautismo ajeno a la iglesia. Algo harto contradictorio y confuso por múltiples causas.

Y es que de hecho los argumentos políticos para aprobar esto, se basan en ofrecer una alternativa al bautismo sacramental basándose en la libertad religiosa. Precisamente la libertad religiosa y de culto es lo que permite que profeses libremente una religión o no la profeses, y por ello no es obligatorio ningún bautismo. Luego es falso que una alternativa en forma de bautismo civil ofrezca y garantice mayor libertad.

Se aducen también unos motivos sociales, de valores y educativos. Es la eterna cuestión de la educación, tan intervenido e instrumentalizado como de costumbre. Las instituciones públicas una vez más se hacen sujetos del derecho a educación, cuando el sujeto sobre el que recae ese derecho es el infante, y de forma subsidiaria en sus padres o tutores. Y para más inri, una institución municipal no tiene ningún tipo de competencia educativa ni formadora. Se conforma de esta forma un episodio tradicional de intervencionismo, clásico precisamente en el campo de la educación, deformando este derecho básico mediante el espejismo de ofrecerte lo mejor que ya han decidido por ti, con el aprovechamiento de la ignorancia salvable.

Ignorancia salvable es también afirmar y creer que la posibilidad de aplazar el bautismo sacramental, la cual no es nueva ya que no existe ni la obligación de hacerlo ni la edad establecida, es bueno o repercute positivamente en favor de la libertad del niño. Si eso fuese así, el niño debería también decidir muchísimas otras cosas que desde pequeño se le imponen. En definitiva, la educación -que no la enseñanza- consiste en confrontación, en contraste y en la imposición entre el que educa y es educado. La renuncia de un educador a decidir es renunciar a educar. Los padres tienen que tomar muchas decisiones sobre su hijo antes de que este pueda hacerlo, y las toman en su favor.

La regla no escrita de que el bautismo es obligatorio, es una sandez hipócrita, que precisamente resta todo valor al acto de pedir el bautismo. Debido a que el bautismo, así como el resto de sacramentos, son voluntarios, es por lo que hay que pedirlos, y si alguien los solicita debería ser por algún convencimiento, bien racional, bien espiritual. Desde luego si se piden sin ningún convencimiento, mejor no pedirlos porque no tiene ningún sentido, o tiene el mismo sentido que esta nueva ceremonia-ritual de bienvenida social e imposición de nombre -alias bautismo civil-. Y, si tanto la petición sin sentido del bautismo sacramental como también el propio bautismo civil en sí no tienen ningún valor, ¿qué es realmente lo que se está aportando nuevo?

Efectivamente nada. O tal vez sí, porque lo único es una especie de motivo falaz de organizar una fiesta por algo que no tiene valor civil ni administrativo. Se puede dar el caso que un motivo hipócrita para pedir el bautismo civil sea la fiesta familiar, la tradición social, el falso decoro social de regalar el padrinazgo de tu hijo a algún familiar o amigo, para lo cual previamente debe haber recibido el sacramento de la confirmación. Y la confirmación es un problema cuando la fiesta familiar es más importante que el sacramento, pero es que la confirmación es también un sacramento voluntario de aquél que quiere seguir viviendo su fe en madurez. Y el padrino es aquél que se compromete a educar en la fe al bautizado.

Complacer a todo el mundoCuando un bautismo sacramental se queda meramente en la ceremonia, se convierte  básicamente en un  baile de complacencias. Y eso es exactamente lo que es la nueva ceremonia de bautismo civil, un baile de complacencias sin ningún disimulo ni contemplación, y sin lugar a ambigüedades.

  • El grupo de gobierno se complace con sus camaradas superiores presentando la implantación de una cuestión de base ideológica para sustituir a la Iglesia gradualmente.
  • Los grupos de la oposición se complacen con el grupo de gobierno intentando mostrar la capacidad de prestarse a cuantas cuestiones insustanciales quieran, evitando así la difícil tarea de discrepar aunque sólo fuese en el orden de prioridades de los asuntos.
  • El ayuntamiento se quiere complacer con aquellos vecinos que de alguna manera están dispuestos a inventar una especie de nueva religión sin valor, con todos los tintes de imitación de la tradición judeo-cristiana, pero sin nada de trasfondo.

Digo yo, que si alguien no quiere bautizar a sus hijos, o no quiere pedir el bautismo para sí mismo, o no se atreve a El emperador desnudopedirle a nadie que pase por el suplicio de confirmarse para ser padrino, pues directamente que no bautice. Esto me recuerda al cuento de El traje nuevo del emperador. En este cuento, un emperador ambicioso y presumido, ávido de deslumbrar a sus subditos para recibir los máximos elogios y adulaciones, encarga a unos farsantes el mejor traje jamás tejido,para su próxima fiesta imperial. Los farsantes y manipuladores, que sólo buscan quedarse con el dinero para comprar telas e hilos de oro, influyen y sugestionan de tal forma en la opinión de la gente y del propio emperador, que consiguen que éste desfile desnudo por la calle sin ropa. Y sólo es cuando un niño pequeño grita que el rey está desnudo, cuando todo el mundo reacciona saliendo de repente de la absurdez de la sugestión. Pero antes de eso, todo el mundo era temeroso de decirle la verdad al emperador, tanto por desvelar no ser capaces de ver el supuesto traje mágico que los necios no podían ver, como por la ira del emperador que había gastado una fortuna para pasear desnudo. Esta fábula, además de su propia enseñanza o moraleja, ilustra perfectamente que a aquél emperador no le importaba el traje que comprar, estaba dispuesto a no verlo siquiera. Él lo único que quería eran los vítores, y estaba dispuesto a pagar lo que fuese por ellos.

Por el momento, ahora todo el mundo está gritando a boca llena una y otra vez “oh ¡qué maravilloso traje!”.

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De los plenos mensuales y la representatividad de los concejales

En el pleno ordinario de ayer quedó patente otra vez cierto estado de embriaguez política. Un pleno con un largo orden del día donde casi la mitad de los puntos eran “dación de cuentas”, pocas soluciones a nada, y como no, la dosis correspondiente de reconocimientos de deuda y modificaciones presupuestarias. La verdad, no sé cómo a unas cuentas tan amorfas, y cada vez más, se les pueden llamar presupuestos municipales.

Las daciones de cuentas son una cosa que están muy bien. No se discuten, están predecididas y cerradas, y luego se utiliza políticamente lo que le interesa al grupo que las haya cocinado junto con su pinche. Es la política de hechos consumados utilizada para la política de la pancarta, de la fotito en Facebook, del eslogan de intenciones, de las medallitas … del populismo y el sentimentalismo al que un grupo de políticos siente predilección. Continuar leyendo “De los plenos mensuales y la representatividad de los concejales”

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Duelo de balbuceos

Lo confieso. Hace mucho tiempo que no asistía a un pleno municipal ordinario como público escuchante. El último fue el extraordinario de constitución de corporación, y no recuerdo el anterior. Y sinceramente, tenía un recuerdo más positivo que el que me dejó el del pasado lunes 21 de septiembre.

Por suerte o por desgracia, la política plenaria, al margen de mayor o menor pasión por parte de los portavoces en su exposición, se ha caracterizado por la vehemencia, la argumentación, la presentación clara y directa de las posturas, la presentación sin ambajes de la intención del voto y, en definitiva, la claridad al hablar, al exponer e incluso en dirigir el pleno. Todo con un mínimo rigor, educación, valentía, arrojo y saber estar. Continuar leyendo “Duelo de balbuceos”

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