Bebé medicamento, selección de la raza aria

El reciente nacimiento de un niño preseleccionado es, la que creo, la noticia de la semana. No porque sea un gran avance científico -después del Proyecto Genoma Humano sería relativamente fácil el proceso de identificación y selección de características genéticas- sino por ser la primera ocasión en que se utiliza en España.

De hecho, el conocimiento e identificación de los grupos genómicos humanos podría utilizarse casi para rediseñar a la especie humana. Es sabido, que existen distintos genes, que pueden expresarse o no, que ofrecen cierta predisposición, a la persona que lo hereda, para cierta enfermedad. La ingienería genética aplicada al hombre podría evitar que ninguno de esos genes predispusiesen a enfermedades, las más fáciles serían algunas congénitas. ¿Por qué parar en sólo en el “bebé medicamento”? La pareja que quisiese, tal vez le interesaría un hijo con predisposición para los números, o con cierta cavidad craneal. Seguro que se puede hacer. O por el contrario, tal vez unos padres deseen un hijo con un cuerpo fuerte y atlético para que sea un buen futbolista. O ¿por qué no modificar todos los bebés para que tengan el grupo sanguíneo de donante universal? Ya no habría problemas nunca más de transfusiones de sangre.

El conocimiento genético permite básicamente ejercer acciones “correctoras” de dos formas distintas:

1.- La conocida terapia génica, consistente en identificar el genotipo de una persona, sin olvidarnos de su fenotipo, y mediante medicinas personalizadas, evitar que las enzimas o proteinas que generan algún gen no deseado se expresen. De esa forma se podrían evitar ciertas enfermedades con predisposición genética.

2.-Ingeniería genética por selección, que consiste en obtener muchos individuos (embriones) a los cuales se les estudia previamente su genotipo, y si poseen las características deseadas se les otorga viabilidad. En caso contrario son descartados.

Es precisamente esta segunda técnica la que creo que se diferencia poco de la selección de algún tipo de superraza humana. Concepto ya perseguido desde el siglo XIX, y causa fundamental de Hitler. Basado absolutamente en el descarte de aquellos individuos que no son deseables para el objetivo que se está buscando.

Conste que soy un defensor de la ingienería genética, del conocimiento y apasionado de la ciencia, e incluso defiendo la trangénesis en plantas. Pero jugar a la ruleta rusa con embriones humanos, no tiene nada que ver con la genética. Se habría obtenido el mismo resultado si todos los embriones se hubieran desarrollado y hubieran nacido esos niños, con la salvedad de que la familia hubiera sido muy numerosa.

El niño enfermo, objeto de salvar, le deberá la vida a este bebé medicamento. Pero el bebé medicamento ya le debe la vida a quién sabe cuantos niños. Pero todo esto es sólo a grandes rasgos.

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4 opiniones sobre “Bebé medicamento, selección de la raza aria

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  2. Empezaré comentando que el tema tiene tanta, tantísima miga que cada opinión puede ser tan extensa como un libro entero. Veamos… lo primero, es interesante que se reflexione sobre el tema, y no voy a negarte en gran parte la razón en un tema que admite tantísimos matices y que puede exponer a la raza humana tanto a grandísimos avances como a pesadillas cada vez más posibles de realizar…

    Pero sí diré, brevemente, que, de entrada, en la equiparación que haces entre embrión y persona puede haber discusión, y te doy mi opinión personal: un óvulo fecundado no tiene sistema nervioso, no tiene brazos, no tiene pies… es una semilla de persona, y en cuanto a tal merece protección, pero todavía no es una persona, y si la elección está entre curar a una persona ya formada desechando embriones o, como segunda opción, permitir que se muera haciendo que se desarrollen además otras personas que muy probablemente presenten la misma enfermedad, mi opción estaría clara.

    En principio no tengo nada contra la selección embrionaria siempre y cuando se haga con intención de mejorar la vida del nato y no de otras consideraciones estéticas o en base a prejucios. Por otro lado no puedo evitar ver en la idea un hecho romántico emocionante: no lo concibo como un sistema para mejorar la especie sino como algo que nos caracteriza como seres humanos y nos hace ser capaces no sólo de lo peor sino de lo mejor, algo que tenemos implantado en nuestros genes y que nos hará actuar correctamente siempre que no tengamos miedo: la lucha contra el sufrimiento ajeno. Hacemos estas cosas porque a los humanos nos duele ver sufrir a nuestros semejantes. Así debe ser.

    Por supuesto, todos los avances en ingeniería genética tienen también sus peligros, y entre ellos estaría la posibilidad de “fabricar niños a la carta”, con características decididas, bien por unos padres caprichosos, bien por una minoría (sea esta política, mediática o económica)que manipulase el futuro de la especie según sus conveniencias. Pero hay una distinción bien clara entre desear un hijo sano y querer un hijo con la mandíbula de Brad Pitt, la estatura de Gassol y la voz de Constantino Romero. Se supone que, en el caso que comentas, se trata de lo primero ¿no?

    Un saludo, y felicidades por tu blog… y no sólo por lo que cuentas sino también por lo que haces pensar.

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  3. Gracias por tus felicitaciones Curro, y por tus comentarios y tus discrepancias.

    En cuanto a tu respuesta, uno de mis profesores de genética decía, con toda la razón del mundo, que la ciencia nunca librará de enfermedades al hombre. Y ciertamente, cuantos más avances tecnológicos y científicos, más nuevos retos son objeto de estudio.

    Hace relativamente poco tiempo, la gente moría de tuberculosis. Hoy, creo que siguen vigentes, las tres c’s son de las principales causas de muerte: Cáncer, Carretera y Corazón. Esos son los retos de ahora, junto con el Alzheimer, el SIDA, y otras más.

    Creo que nadie tiene duda de que la ciencia vencerá esas enfermedades, pero ¿quien duda de que no aparecerán nuevas enfermedades asociadas a la nueva longevidad y esperanza de vida, o a la alimentación, o al sedentarismo?

    El sufrimiento, el dolor y la enfermedad son inherentes a los seres vivos. ¿Hasta qué punto debemos estar dispuestos a arriesgarnos, en el uso de la ciencia, intentando la utopía de un mundo sin dolor? Igualmente es inherente al hombre el sufrimiento por el dolor del compañero, la compasión y la solidaridad, pero el dolor es parte de la vida, y hay que aceptarlo aunque el consumismo y el materialismo nos inviten a lo contrario.

    Uno de esos puntos que creo que no deberíamos pasar es la experimentación con embriones. Todo este debate me recuerda mucho al libro “Brave New World” o incluso la película “Demolition Man”, donde el hombre no se reproducía, era producido.

    Un saludo.

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